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Editorial: Hacia la soberanía de la información

En referencia al escándalo por el espionaje que dependencias del gobierno estadunidense realizan en contra de gobiernos, instituciones, empresas y personas de numerosos países, el periodista Glenn Greenwald, quien ha difundido materiales secretos obtenidos por el ex consultor Edward Snowden –actualmente refugiado en Rusia y perseguido por Washington–, señaló la necesidad de erradicar el predominio de Estados Unidos en la Internet y de conformar grupos de naciones que operen vías independientes de acceso a la red mundial. El reportero de The Guardian habló de la pertinencia de que Argentina y Brasil construyan "una Internet propia, lo mismo que la Unión Europea, algo que hasta ahora sólo ha hecho China".

Publicado el: 30 de septiembre de 2013
Editorial: Hacia la soberanía de la información

Los periodistas estadunidenses Jeremy Scahill (derecha) y Glenn Greenwald, tras la proyección del documental “Dirty Wars”, en el Festival de Cine de Río, en Río de Janeiro, el día 28. Foto: Ap

 

Publicada el 30 de septiembre en la versión impresa.

En referencia al escándalo por el espionaje que dependencias del gobierno estadunidense realizan en contra de gobiernos, instituciones, empresas y personas de numerosos países, el periodista Glenn Greenwald, quien ha difundido materiales secretos obtenidos por el ex consultor Edward Snowden –actualmente refugiado en Rusia y perseguido por Washington–, señaló la necesidad de erradicar el predominio de Estados Unidos en la Internet y de conformar grupos de naciones que operen vías independientes de acceso a la red mundial. El reportero de The Guardian habló de la pertinencia de que Argentina y Brasil construyan "una Internet propia, lo mismo que la Unión Europea, algo que hasta ahora sólo ha hecho China".

Como se recordará, el pasado 1º de septiembre la brasileña TV Globo entregó a este diario un documento secreto de la Agencia de Seguridad Estadunidense (NSA, por sus siglas en inglés) en el que se comprueba que esa dependencia interceptó las comunicaciones confidenciales de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y del jefe del Ejecutivo federal de nuestro país, Enrique Peña Nieto, cuando éste era candidato presidencial. El hecho dio pie a diversas protestas de ambos países: inexplicablemente tibias, en el caso del nuestro, y sumamente fuertes en el de Brasil, como pudo constatarse con el reciente pronunciamiento de Rousseff en la Asamblea General de las Naciones Unidas. No es para menos, si se considera que el espionaje perpetrado por Washington no sólo es ilegal –y desleal, habida cuenta de que se practica contra países a los que públicamente el gobierno estadunidense llama "aliados" y "amigos"–, sino que otorga a Washington información privilegiada y lo coloca en situación de superioridad en cualquier negociación económica o diplomática y constituye de esa suerte una severa amenaza a la seguridad nacional de las naciones víctimas de vigilancia.

Significativamente, el jueves pasado, en un videoenlace entre Julian Assange y un grupo de periodistas y blogueros cubanos, el fundador de Wikileaks señaló que no puede haber autodeterminación ni sentido de nación sin "soberanía de la información".

Si se considera que las plataformas informáticas de origen estadunidense están infestadas de mecanismos de espionaje gubernamentales y privados, como demuestran los documentos obtenidos por Wikileaks y dados a conocer en La Jornada del 3 de septiembre, los señalamientos de Assange y de Greenwald cobran plena significación e, incluso, urgencia.

Más aun, sin contar con actitudes entreguistas como la que caracterizó al gobierno de Felipe calderón –cuyo secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, ofreció al gobierno estadunidense toda la información de seguridad que poseían las autoridades mexicanas–, es indudable que la confidencialidad de los datos gubernamentales, institucionales, empresariales y particulares del país se encuentra gravemente comprometida por las actividades de espionaje del gobierno y las grandes corporaciones informáticas del país vecino.

En este contexto, resulta necesario y perentorio buscar y formular, en el contexto de la integración latinoamericana, plataformas propias y alternativas a las estadunidenses, como señaló Greenwald. Sería un paso necesario hacia la construcción de esa soberanía de la información sin la cual, como aseveró Assange, ya no es concebible la autodeterminación.

Espero que la gente no vea esto como una historia de heroicismo. Es una historia acerca de lo que la gente normal puede hacer en circunstancias extraordinarias.
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