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“Ofrecernos la verdad no es un crimen. Esta es nuestra información, nuestra historia”: la periodista Sarah Harrison

6 de noviembre. Sarah Harrison, periodista británica que forma parte del equipo de Wikileaks y ayudó a Edward Snowden en su búsqueda de asilo, sacó un comunicado en el cual explica que, debido a que “casi todas las historias publicadas acerca de los programas de espionaje de GCHQ y la NSA entran dentro de la interpretación del gobierno británico de la palabra ‘terrorismo’,” sus abogados le han aconsejado “que no es seguro volver a casa”.

Publicado el: 6 de noviembre de 2013
“Ofrecernos la verdad no es un crimen. Esta es nuestra información, nuestra historia”: la periodista Sarah Harrison

Edward Snowden, al centro, y Sarah Harrison a su derecha, durante un encuentro con denunciantes, ex funcionarios estadunidenses, en Moscú, el 9 de octubre. Imagen del video en la sección respectiva.

 

De la Redacción

6 de noviembre. Sarah Harrison, periodista británica que forma parte del equipo de Wikileaks y ayudó a Edward Snowden en su búsqueda de asilo, sacó un comunicado en el sitio de Wikileaks, en el cual explica que, debido a que “casi todas las historias publicadas acerca de los programas de espionaje masivo de la GCHQ y la NSA entran dentro de la interpretación del gobierno británico de la palabra ‘terrorismo’,” sus abogados le han aconsejado “que no es seguro volver a casa”.
Harrison, quien informa que está en Alemania desde el pasado fin de semana, continúa: “Están usando tácticas agresivas contra periodistas, editores y expertos que trabajan con tanta valentía, para traer la verdad al mundo”. Menciona los casos de Glenn Greenwald, Laura Poitras y Jacob Appelbaum, de Barrett Brown, Julian Assange y David Miranda.   
En el comunicado se lee: “El papel de la prensa es hablarle al poder con la verdad. Y sin embargo, por hacer nuestra labor somos perseguidos. Yo digo que no debe permitirse que tengan éxito estas agresivas e ilegales tácticas para silenciarnos: la invención de interpretaciones legales arbitrarias, cargos excesivos y sentencias desproporcionadas”.
Harrison se solidariza “con todos aquellos que son intimidados y perseguidos por traer la verdad al público. En estos tiempos de secrecía y abuso de poder sólo hay una solución: la transparencia”. 
Si la gente tiene la información de primera fuente, “puede luchar. Si nuestros gobiernos no nos dan esta información, nosotros debemos tomarla”.
La periodista lanza: “Cuando los denunciantes dan la cara, necesitamos luchar por ellos, para que otros se animen. Cuando son amordazados, debemos ser su voz. Cuando son perseguidos, debemos ser su escudo. Cuando son encerrados, debemos liberarlos. Ofrecernos la verdad no es un crimen. Estos son nuestros datos, nuestra información, nuestra historia. Debemos luchar para que nos pertenezca”.

 

A continuación, el comunicado completo de la periodista Sarah Harrison:

Como periodista, he pasado los últimos cuatro meses con Edward Snowden, denunciante de la NSA, y llegué a Alemania el pasado fin de semana. Trabajé en Hong Kong como parte del equipo de Wikileaks que negoció algunas ofertas de asilo para Snowden y su salida segura de Hong Kong para ejercer su derecho legal de buscar asilo. Estaba viajando con él, íbamos en camino hacia América Latina, cuando Estados Unidos revocó su pasaporte, lo cual lo dejó varado en Rusia. Durante los siguientes 39 días, me quedé con él en la zona de tránsito del aeropuerto Sheremetyevo, en Moscú, donde lo apoyé para que solicitara asilo a 21 países, incluyendo Alemania, y se consiguió su asilo en Rusia a pesar de la fuerte presión de Estados Unidos. Me quedé con él hasta que nuestro equipo tuvo confianza en que estaba establecido y libre de la interferencia de cualquier gobierno.
Si bien Edward Snowden está seguro y protegido hasta que su visa de asilo tenga que ser renovada en nueve meses, aún hay mucho trabajo por hacer. La batalla a la que Snowden se unió, contra la vigilancia estatal y por una transparencia gubernamental, es una que Wikileaks –y muchos otros- han luchado, y continuarán luchando.
Wikileaks tiene muchas batallas: luchamos contra el poder que no rinde cuentas y la secrecía gubernamental, publicamos análisis y documentos para todos los afectados y para proveer al público, para siempre, con la historia que es suya. Para esto, luchamos contra casos legales en muchas jurisdicciones y enfrentamos una investigación sin precedentes de un gran jurado en Estados Unidos. Wikileaks sigue luchando por la protección de fuentes de información. Ganamos la batalla por el futuro inmediato de Snowden, pero la guerra más amplia continúa.
En los pocos días que he estado en Alemania, ha sido esperanzador ver que la gente se une y hace un llamado a su gobierno para que haga lo que debe hacerse: investigar las revelaciones de espionaje de la NSA y ofrecer asilo a Edward Snowden. Estados Unidos ya no debería poder continuar espiando a todas las personas del globo terráqueo, o perseguir a aquellos que hablan con la verdad.
Snowden actualmente está seguro en Rusia, pero hay denunciantes y fuentes que no lo están. Chelsea Manning ha sufrido un trato abusivo por parte del gobierno de Estados Unidos y actualmente cumple una sentencia de 35 años de cárcel por revelar la verdadera naturaleza de la guerra. Jeremy Hammond enfrenta una década en una prisión en Nueva York, supuestamente por proveer a periodistas de documentos que revelaban la vigilancia empresarial. Espero haber ofrecido un contra-ejemplo: con la asistencia correcta, los denunciantes pueden hablar la verdad y mantener su libertad.
Están usando tácticas agresivas contra los periodistas, editores y expertos que trabajan con tanta valentía para traer la verdad al mundo. Glenn Greenwald, Laura Poitras y Jacob Appelbaum están todos en un exilio de hecho. Barrett Brown está acusado por informar sobre prácticas no éticas de vigilancia. Mi editor Julian Assange está en asilo por amenazas estadunidenses, pero Gran Bretaña se rehúsa a permitirle ejercer plenamente este derecho, lo cual viola la ley. El gobierno británico también detuvo a David Miranda, bajo la Ley de Terrorismo de Gran Bretaña, por colaborar con Laura Poitras y Glenn Greenwald.
La Ley de Terrorismo de Gran Bretaña define terrorismo como la acción o amenaza de acción “diseñada para influenciar” cualquier gobierno, “con el propósito de promover una causa política o ideológica”. Prescribe acciones que interfieren con el funcionamiento de un “sistema electrónico” (por ejemplo, el programa de espionaje masivo de la NSA) o que el gobierno asegure que crean un “riesgo” a un sector del público. Debería ser descabellado sugerir que el periodismo de seguridad nacional, que tiene como propósito producir un gobierno honesto o hacer cumplir los derechos básicos a la privacidad, sea llamado “terrorismo”, pero así es como Gran Bretaña elige interpretar esta ley. Casi todas las historias publicadas acerca de los programas de espionaje masivo de la GCHQ y la NSA están dentro de la interpretación del gobierno británico de la palabra “terrorismo”. En respuesta, nuestros abogados me han aconsejado que no es seguro regresar a casa.
La labor de la prensa es hablarle al poder con la verdad. Y sin embargo, por hacer nuestro trabajo somos perseguidos. Yo digo que no debe permitirse que tengan éxito estas agresivas e ilegales tácticas para silenciarnos: la invención de interpretaciones legales arbitrarias, cargos excesivos y sentencias desproporcionadas. Me solidarizo con todos aquellos que son intimidados y perseguidos por traer la verdad al público.
En estos tiempos de secrecía y abuso de poder, sólo hay una solución: la transparencia. Si nuestros gobiernos están tan comprometidos que no nos dirán la verdad, entonces debemos tomarla. Con la prueba inequívoca de los documentos de primera mano, la gente puede luchar. Si nuestros gobiernos no nos dan esta información, entonces nosotros debemos tomarla.
Cuando los denunciantes dan la cara, necesitamos luchar por ellos, para que otros se animen. Cuando son amordazados, debemos ser su voz. Cuando son perseguidos, debemos ser su escudo. Cuando son encerrados, debemos liberarlos. Ofrecernos la verdad no es un crimen. Estos son nuestros datos, nuestra información, nuestra historia. Debemos luchar para que nos pertenezca.
La valentía es contagiosa.

Sarah Harrison, miércoles 6 de noviembre de 2013, Berlín.

Traducción: Tania Molina Ramírez

Aquí se puede leer en inglés.

Espero que la gente no vea esto como una historia de heroicismo. Es una historia acerca de lo que la gente normal puede hacer en circunstancias extraordinarias.
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